Historia

Fueros de la Villa (1124):

– Escrito original ( Fueros Medinaceli )

– Traducción ( FuerosTraduccion )

Arco Romano

Arco Romano de Medinaceli ( ArcoRomano2 – versión reducida). J. M. Abascal y G. Alföldy. Real Academia de la Historia. Universidad de Alicante. 2002.

Historia

Transcripción del libro “Por Tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara (Rutas de Almanzor, Mío Cid, Jalón, Duguesclin, Alvargonzález y Río Lobos) de Ángel Almazán
de Gracia, el capítulo en el que se describe históricamente Medinaceli.

SU ORIGEN
Cerca de la Autovía de Aragón, y en torno a la antigua N-II, se encuentra Medinaceli-
Estación, con todo un complejo hotelero para el viajero de paso, fundamentalmente.
Desde aquí se asciende a la meseta del cerro septentrional, donde se encuentra la
villa histórica, coronando la Cuesta del Reventón por la que pasa una antigua calzada.
En la cima plana de esa mota se encuentra Medinaceli, llamada Medina por sus vecinos
más bohemios, pues la bohemia es inherente a la actual villa ducal, plagada de pintores,
tallistas, galerías de arte por doquier y aires de libertad para sus vecinos europeos,
americanos y españoles. Como vigía está el arco romano.
Como acontece con Calatañazor, Medinaceli tiene un origen celtibérico en un cerro
inmediato que, una vez conquistado por Roma, iría perdiendo entidad a favor del núcleo
urbano que poco a poco fue consolidándose enfrente.
Hasta la guerra civil española de este siglo aún se podían apreciar numerosos restos
arquitectónicos en la denominada Villa Vieja, sita encima de la ermita del Humilladero
y de esa fuente de agua potable que habrás visto, estimado viajero, si has subido por la
serpenteante carretera desde Medinaceli-Estación. Por motivos estratégicos se hicieron
volar aquellas ruinas, aunque algo perdura aún de su doble recinto fortificado. Allí
estuvo asentada Occilis, Occile u Occelum, y hasta es posible que también fuera la, por
otros llamada, Arxocile, Mediolum, Cortona y Coelum, retrotrayéndonos hasta el 950 a
C.
En el año 153 a.C. Roma inició la conquista del Valle del Jalón tomando Occilis y al
año siguiente el cónsul Claudio Marcelo, fundador de Córdoba, instala su campamento
en lo que ahora es solar de Medinaceli y no en la Villa Vieja, convirtiéndose desde
entonces en un núcleo vital estratégico durante la romanización, como igualmente lo
sería en la etapa árabe, reconquista posterior y pugnas entre Aragón y Castilla, por ser
punto de entrada a la meseta castellana y al Valle del Ebro, permitiendo enlazar
igualmente con el centro peninsular a través del Valle o Corredor de Henares, y buena
prueba de ello lo demuestran hoy día la vía ferroviaria y la Autovía de Aragón.

ETAPA ÁRABE
Tarik conquistaría Occilis poco después de tomar Toledo. En el año 946 el califato
reconstruiría las murallas y el enclave pasaría a ser capital de Al-Musata la Tierra o
Frontera del Medio a cuyo frente estuvo 35 años Galib, hasta que enemistado y
derrotado por su yerno Almanzor, éste le reemplazaría como alcaide y generalísimo. Es
precisamente en este período de finales del s. X cuando la Crónica del Moro Rasis
testimonia que Medinaceli era “mui fuerte villa et mui buena et mui viciosa et mui
fermossa; et yaze en una tierra et en un logar muy sabroso para el cuerpo del omen”.
Parte del actual entramado urbanístico proviene de su época árabe: callejuelas,
pasadizos, red de recogida y distribución de aguas (hay aljibes y pozos judíos y
cristianos también, los primeros rupestres y los segundos abovedados). De su alcazaba
(desde el Campillo del Castillo a la Villa Vieja) quedan las caballerizas subterráneas,
no visitables por el público. En 1274 el medinense Salum Abn Ali Husam Ibn Ahmad
Ibn Mas el-Salami escribió un importante opúsculo sobre el astrolabio universal (está en
El Escorial); además, como su hijo tras él, fue jefe de los calculadores de la hora en la
mezquita de Granada. Hay que reseñar también que, en 1459, todavía se escribían aquí
testamentos moriscos en árabe.

ALMANZOR
Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir, al-Mansur. Torrox ? 938 – Medinaceli 1002, Hayib de Córdoba (978-1002).
 Descendiente de una familia árabe del Yemen, establecida en la región de Algeciras desde la conquista musulmana de la península ibérica, durante el califato de al-Hakam II ocupó importantes cargos administrativos, como los de director de la ceca (967) o intendente del ejército del general Galib (972).
 En el 976, la prematura muerte de al-Hakam II situó al frente del califato de Córdoba a Hisam II, un niño de tan solo 11 años, circunstancia que aprovechó Almanzor, hombre decidido y ambicioso, para hacerse con las riendas del poder.
 Dos años más tarde, en el 978, y tras haber convertido a Hisam II en una marioneta política, y postergado a personajes tan influyentes como al-Mushafí y Galib, Almanzor se hizo nombrar hayib, una especie de mayordomo de palacio o primer ministro, dignidad que le permitió ejercer una autoridad absoluta sobre todo el territorio hispanomusulmán.
 Su primera decisión fue expulsar del ejército califal a la mayor parte de mercenarios eslavos, los cuales con el paso del tiempo, habían llegado a constituir una verdadera casta de privilegiados en la corte cordobesa, y sustituirlos por unos 20.000 beréberes reclutados por él mismo en el norte de África, medida que le proporcionó una enorme popularidad. Así mismo emprendió una profunda reestructuración de sus tropas, con el propósito de acabar con la organización tribal de éstas.
 Dotado de una personalidad carismática y de un gran talento militar, entre los años 977 y 1002 llevó a cabo un total de 56 campañas en tierras cristianas sin conocer la derrota, razón por la cual recibió el sobrenombre de al-Mansur (el Victorioso), con el que pasaría a la historia. De hecho, se trataba de incursiones rápidas y devastadoras, realizadas durante los meses de primavera y verano, que tenían por objeto sembrar el terror entre los habitantes de los reinos cristianos del norte peninsular. Así, por ejemplo, asoló Salamanca (977), venció a los ejércitos coligados de Ramiro III de León, García Fernández de Castilla y Sancho II de Navarra en las batallas de Gormaz, Langa y Estercuel (977) y en la de Rueda (978), saqueó Barcelona (985), arrasó Coimbra, León y Zamora (987 y 988), asaltó Osma (990) y castigó Astorga (997).
 La gesta más memorable del caudillo árabe se produjo, sin embargo, el 11 de agosto del 997, cuando destruyó Santiago de Compostela (sólo respetó el sepulcro del apóstol) y obligó a los cautivos cristianos a trasladar a hombros las campanas de la catedral y las puertas de la ciudad hasta Córdoba.
Sabemos que Almanzor falleció a los 65 años, el 9 de agosto de 1.002 y, según la Historia legionensis: «Fue arrebatado en Medinaceli, ciudad  importante, por el demonio que le había poseído en vida y fue sepultado  en el  infierno». La propaganda política de la época, posiblemente, no  podía permitirse que quien había sido el azote del cristianismo muriera  viejo, invicto y tranquilamente en su cama. Debía crearse una épica para fortalecer los ánimos de los combatientes en la zona fronteriza y que la muerte de  Al- Mansur fuera debida a las heridas sufridas en la batalla de Calatañazor donde, según el dicho popular, Almanzor perdió su tambor. A partir de ese momento empezará a declinar el esplendor del Califato de Córdoba. El creador de esta falsa historia parece ser el obispo Lucas de Tuy, el Tudense, que dos siglos después, en 1.236, en su Chronicon Mundi  escribió: «En Calatañazor perdió Almanzor el atambor, que quiere decir su  alegría. Viniendo a él todos los bárbaros de Córdoba… Mas  Almanzor, desde ese día que fue vencido, nunca quiso comer ni beber y llegando a la ciudad de Medinaceli murió”. Sin embargo la historia ha desmentido esta versión mantenida durante casi 10 siglos. El Tudense enlaza la batalla de Calatañazor con el regreso hacia la capital del Califato tras saquear Santiago, lo que implica un desfase de 5 años entre los dos hechos y por lo tanto elimina toda posibilidad de continuidad. El anacronismo de los hechos también está en los nombres de los Reyes o nobles que cita al frente de la batalla de Calatañazor, ya que los tres  habían fallecido en 1002, cuando se disputó la contienda.
En realidad hasta el siglo XII se desconocía el topónimo Calatañazor y sobre la batalla no había ninguna referencia. El arabista Rheinard Dozy (1820-1883) fue el primero en desmontar las versiones de El Tudense, también compartidas por Rodrigo Jiménez de Rada, argumentando que para el cristianismo era inadmisible que Almanzor profanara el sepulcro del apóstol Santiago, se llevara las campanas del templo y no sufriera ningún castigo divino. La propaganda político-religiosa funcionó de maravilla.
Menéndez Pidal vinculó el mito de Calatañazor con la batalla de Cervera, donde las tropas cristianas dirigidas por el conde de Castilla en julio del año 1.000 estuvieron a punto de derrotar a las tropas árabes, según el relato del historiador árabe Ibn al-Jatib. Sancho García había formado un gran ejército al que se sumaron los señores vascones y leoneses. En el macizo montañoso de Peña Cervera, a 1.415 metros de altitud, las tropas cristianas estaban protegidas por la naturaleza y ejercieron una fuerte presión sobre las dos alas del ejército del Califato, que se vio impotente para frenar la presión de sus rivales. Cuando la derrota era evidente, Almanzor ordenó a su ejército replegarse hacia una colina próxima y los generales cristianos interpretaron el movimiento como la llegada de fuerzas de reserva y empezaron a desplegarse desordenadamente, de manera que la batalla cambió totalmente de signo. Dada la proximidad del escenario de esta contienda con Calatañazor (60 kilómetros) y que se tratara de la única ocasión donde Almanzor estuvo a punto  de perder, la leyenda caló en la historia.
La última razzia del Amirí fue dirigida hacia el monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna de las lenguas castellana y euskera. Almanzor ya estaba enfermo, pero eso no le impidió sumar una nueva victoria. Saqueó el monasterio y, consciente de su estado de salud, se retiró hacia Medinaceli, donde falleció y fue enterrado 14 días después.

TOPONIMIA, BERNAL DE BEARNE Y DUCADO
Tras períodos diversos de conquista y reconquista de Medinaceli por parte de moros
y cristianos, la Madina Salim que fundara Salim ibn Waramal durante el emirato de
Mamad (852-886), sería definitivamente territorio de la cristiandad al ser tomada por
Alfonso I el Batallador en el año 1123 (antes la había poseído y repoblado Alfonso VI
entre 1104-1108 a través de Gonzalo Núñez de Lara).
De 1124 consta documentalmente que su nombre era Medina Celim, topónimo que
persistía en 1528, aunque también se lee el nombre de Medina eli en el siglo XV, de la
misma forma que el historiador tunecino Ibn Jaldûn la había llamado Medina Salem.
Así que si te dicen, estimado lector, que Medinaceli es la Ciudad del Cielo, sonreirás
conmigo y recordará que fue Salim su repoblador y fundador tras la desolación que
Tarik dejó tras de sí en su búsqueda afanosa de la Mesa de Salomón.
De 1135 hay documento que nos hace saber que era tenente de “Medinam et
Atenzam” (Medinaceli y Atienza) el conde Roderico Martínez. El segundo señor de
Medinaceli conocido fue Pedro Núñez de Fuentearmegil, en 1140, que era merino de
Atienza un año antes y que ha pasado a la historia como el salvador del rey niño
Alfonso VIII y por el gesto de honor y nobleza que comentara don Juan Manuel en su
obra El Conde Lucanor o Libro de Patronio.
En 1370 un nuevo rumbo adoptaría Medinaceli al ser otorgado su señoría como
condado por Enrique de Trastamara, el de las Mercedes, al caballero francés Bernal de
Bearne, hijo bastardo de Gastón Febo de Foie-Bearne que era conde de esta zona del
Languedoc y cuyo castillo en Foie fue refugio de astrólogos, trovadores del Gay Saber,
alquimistas y ocultistas varios.
Bernal de Bearne fue uno de los capitanes que se trajo de Francia Bertrán
Duguesclin, responsable de las Compañías Blancas en las que se incorporaron diversos
trovadores, neotemplarios y cátaros, que posibilitarían la victoria de Enrique de
Trastamara sobre Pedro I el Cruel. En 1368 Enrique II otorgaría a Bernal de Bearne el
señorío de Medinaceli como condado y se casaría con Isabel de la Cerda, del linaje
bastardo de Alfonso X el Sabio, apellido que el linaje franco-hispano de Bernal de
Bearne adoptaría.
El quinto conde, Luis de la Cerda y de la Vega, será a su vez el primer duque de
Medinaceli, iniciando así un Ducado, otorgado por los Reyes Católicos en 1479, que
fue uno de los más grandes de España, y hasta mediados del siglo XIX existió en
Medinaceli un tribunal o consejo ducal desde el que se gobernaba sus extensas
posesiones en las actuales provincias de Soria y Guadalajara. Patrimonio que, en lo que
respecta a Soria, terminaron de vender en la década de 1960, quedándoles hoy tan sólo
65 Has. de las 10.000 que tenía la Casa Ducal y que corresponden a los terrenos baldíos
en Villavieja, donde estuvo asentado Occilis. También sigue siendo de su propiedad el
palacio ducal.