HISTORIA

Fueros de la Villa (1124):

– Escrito original ( Fueros Medinaceli )

– Traducción ( FuerosTraduccion )

Historia

Transcripción del libro “Por Tierras de Soria, La Rioja y Guadalajara (Rutas de Almanzor, Mío Cid, Jalón, Duguesclin, Alvargonzález y Río Lobos) de Ángel Almazán
de Gracia, el capítulo en el que se describe históricamente Medinaceli.
SU ORIGEN
Cerca de la Autovía de Aragón, y en torno a la antigua N-II, se encuentra Medinaceli-
Estación, con todo un complejo hotelero para el viajero de paso, fundamentalmente.
Desde aquí se asciende a la meseta del cerro septentrional, donde se encuentra la
villa histórica, coronando la Cuesta del Reventón por la que pasa una antigua calzada.
En la cima plana de esa mota se encuentra Medinaceli, llamada Medina por sus vecinos
más bohemios, pues la bohemia es inherente a la actual villa ducal, plagada de pintores,
tallistas, galerías de arte por doquier y aires de libertad para sus vecinos europeos,
americanos y españoles. Como vigía está el arco romano.
Como acontece con Calatañazor, Medinaceli tiene un origen celtibérico en un cerro
inmediato que, una vez conquistado por Roma, iría perdiendo entidad a favor del núcleo
urbano que poco a poco fue consolidándose enfrente.
Hasta la guerra civil española de este siglo aún se podían apreciar numerosos restos
arquitectónicos en la denominada Villa Vieja, sita encima de la ermita del Humilladero
y de esa fuente de agua potable que habrás visto, estimado viajero, si has subido por la
serpenteante carretera desde Medinaceli-Estación. Por motivos estratégicos se hicieron
volar aquellas ruinas, aunque algo perdura aún de su doble recinto fortificado. Allí
estuvo asentada Occilis, Occile u Occelum, y hasta es posible que también fuera la, por
otros llamada, Arxocile, Mediolum, Cortona y Coelum, retrotrayéndonos hasta el 950 a
C.
En el año 153 a.C. Roma inició la conquista del Valle del Jalón tomando Occilis y al
año siguiente el cónsul Claudio Marcelo, fundador de Córdoba, instala su campamento
en lo que ahora es solar de Medinaceli y no en la Villa Vieja, convirtiéndose desde
entonces en un núcleo vital estratégico durante la romanización, como igualmente lo
sería en la etapa árabe, reconquista posterior y pugnas entre Aragón y Castilla, por ser
punto de entrada a la meseta castellana y al Valle del Ebro, permitiendo enlazar
igualmente con el centro peninsular a través del Valle o Corredor de Henares, y buena
prueba de ello lo demuestran hoy día la vía ferroviaria y la Autovía de Aragón.

ETAPA ÁRABE
Tarik conquistaría Occilis poco después de tomar Toledo. En el año 946 el califato
reconstruiría las murallas y el enclave pasaría a ser capital de Al-Musata la Tierra o
Frontera del Medio a cuyo frente estuvo 35 años Galib, hasta que enemistado y
derrotado por su yerno Almanzor, éste le reemplazaría como alcaide y generalísimo. Es
precisamente en este período de finales del s. X cuando la Crónica del Moro Rasis
testimonia que Medinaceli era “mui fuerte villa et mui buena et mui viciosa et mui
fermossa; et yaze en una tierra et en un logar muy sabroso para el cuerpo del omen”.
Parte del actual entramado urbanístico proviene de su época árabe: callejuelas,
pasadizos, red de recogida y distribución de aguas (hay aljibes y pozos judíos y
cristianos también, los primeros rupestres y los segundos abovedados). De su alcazaba
(desde el Campillo del Castillo a la Villa Vieja) quedan las caballerizas subterráneas,
no visitables por el público. En 1274 el medinense Salum Abn Ali Husam Ibn Ahmad
Ibn Mas el-Salami escribió un importante opúsculo sobre el astrolabio universal (está en
El Escorial); además, como su hijo tras él, fue jefe de los calculadores de la hora en la
mezquita de Granada. Hay que reseñar también que, en 1459, todavía se escribían aquí
testamentos moriscos en árabe.

ALMANZOR
Abu Amir Muhammad ibn Abi Amir, al-Mansur. Torrox ? 938 – Medinaceli 1002, Hayib de Córdoba (978-1002).
 Descendiente de una familia árabe del Yemen, establecida en la región de Algeciras desde la conquista musulmana de la península ibérica, durante el califato de al-Hakam II ocupó importantes cargos administrativos, como los de director de la ceca (967) o intendente del ejército del general Galib (972).
 En el 976, la prematura muerte de al-Hakam II situó al frente del califato de Córdoba a Hisam II, un niño de tan solo 11 años, circunstancia que aprovechó Almanzor, hombre decidido y ambicioso, para hacerse con las riendas del poder.
 Dos años más tarde, en el 978, y tras haber convertido a Hisam II en una marioneta política, y postergado a personajes tan influyentes como al-Mushafí y Galib, Almanzor se hizo nombrar hayib, una especie de mayordomo de palacio o primer ministro, dignidad que le permitió ejercer una autoridad absoluta sobre todo el territorio hispanomusulmán.
 Su primera decisión fue expulsar del ejército califal a la mayor parte de mercenarios eslavos, los cuales con el paso del tiempo, habían llegado a constituir una verdadera casta de privilegiados en la corte cordobesa, y sustituirlos por unos 20.000 beréberes reclutados por él mismo en el norte de África, medida que le proporcionó una enorme popularidad. Así mismo emprendió una profunda reestructuración de sus tropas, con el propósito de acabar con la organización tribal de éstas.
 Dotado de una personalidad carismática y de un gran talento militar, entre los años 977 y 1002 llevó a cabo un total de 56 campañas en tierras cristianas sin conocer la derrota, razón por la cual recibió el sobrenombre de al-Mansur (el Victorioso), con el que pasaría a la historia. De hecho, se trataba de incursiones rápidas y devastadoras, realizadas durante los meses de primavera y verano, que tenían por objeto sembrar el terror entre los habitantes de los reinos cristianos del norte peninsular. Así, por ejemplo, asoló Salamanca (977), venció a los ejércitos coligados de Ramiro III de León, García Fernández de Castilla y Sancho II de Navarra en las batallas de Gormaz, Langa y Estercuel (977) y en la de Rueda (978), saqueó Barcelona (985), arrasó Coimbra, León y Zamora (987 y 988), asaltó Osma (990) y castigó Astorga (997).
 La gesta más memorable del caudillo árabe se produjo, sin embargo, el 11 de agosto del 997, cuando destruyó Santiago de Compostela (sólo respetó el sepulcro del apóstol) y obligó a los cautivos cristianos a trasladar a hombros las campanas de la catedral y las puertas de la ciudad hasta Córdoba.
Sabemos que Almanzor falleció a los 65 años, el 9 de agosto de 1.002 y, según la Historia legionensis: «Fue arrebatado en Medinaceli, ciudad  importante, por el demonio que le había poseído en vida y fue sepultado  en el  infierno». La propaganda política de la época, posiblemente, no  podía permitirse que quien había sido el azote del cristianismo muriera  viejo, invicto y tranquilamente en su cama. Debía crearse una épica para fortalecer los ánimos de los combatientes en la zona fronteriza y que la muerte de  Al- Mansur fuera debida a las heridas sufridas en la batalla de Calatañazor donde, según el dicho popular, Almanzor perdió su tambor. A partir de ese momento empezará a declinar el esplendor del Califato de Córdoba. El creador de esta falsa historia parece ser el obispo Lucas de Tuy, el Tudense, que dos siglos después, en 1.236, en su Chronicon Mundi  escribió: «En Calatañazor perdió Almanzor el atambor, que quiere decir su  alegría. Viniendo a él todos los bárbaros de Córdoba… Mas  Almanzor, desde ese día que fue vencido, nunca quiso comer ni beber y llegando a la ciudad de Medinaceli murió”. Sin embargo la historia ha desmentido esta versión mantenida durante casi 10 siglos. El Tudense enlaza la batalla de Calatañazor con el regreso hacia la capital del Califato tras saquear Santiago, lo que implica un desfase de 5 años entre los dos hechos y por lo tanto elimina toda posibilidad de continuidad. El anacronismo de los hechos también está en los nombres de los Reyes o nobles que cita al frente de la batalla de Calatañazor, ya que los tres  habían fallecido en 1002, cuando se disputó la contienda.
En realidad hasta el siglo XII se desconocía el topónimo Calatañazor y sobre la batalla no había ninguna referencia. El arabista Rheinard Dozy (1820-1883) fue el primero en desmontar las versiones de El Tudense, también compartidas por Rodrigo Jiménez de Rada, argumentando que para el cristianismo era inadmisible que Almanzor profanara el sepulcro del apóstol Santiago, se llevara las campanas del templo y no sufriera ningún castigo divino. La propaganda político-religiosa funcionó de maravilla.
Menéndez Pidal vinculó el mito de Calatañazor con la batalla de Cervera, donde las tropas cristianas dirigidas por el conde de Castilla en julio del año 1.000 estuvieron a punto de derrotar a las tropas árabes, según el relato del historiador árabe Ibn al-Jatib. Sancho García había formado un gran ejército al que se sumaron los señores vascones y leoneses. En el macizo montañoso de Peña Cervera, a 1.415 metros de altitud, las tropas cristianas estaban protegidas por la naturaleza y ejercieron una fuerte presión sobre las dos alas del ejército del Califato, que se vio impotente para frenar la presión de sus rivales. Cuando la derrota era evidente, Almanzor ordenó a su ejército replegarse hacia una colina próxima y los generales cristianos interpretaron el movimiento como la llegada de fuerzas de reserva y empezaron a desplegarse desordenadamente, de manera que la batalla cambió totalmente de signo. Dada la proximidad del escenario de esta contienda con Calatañazor (60 kilómetros) y que se tratara de la única ocasión donde Almanzor estuvo a punto  de perder, la leyenda caló en la historia.
La última razzia del Amirí fue dirigida hacia el monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna de las lenguas castellana y euskera. Almanzor ya estaba enfermo, pero eso no le impidió sumar una nueva victoria. Saqueó el monasterio y, consciente de su estado de salud, se retiró hacia Medinaceli, donde falleció y fue enterrado 14 días después.

TOPONIMIA, BERNAL DE BEARNE Y DUCADO

Tras períodos diversos de conquista y reconquista de Medinaceli por parte de moros
y cristianos, la Madina Salim que fundara Salim ibn Waramal durante el emirato de
Mamad (852-886), sería definitivamente territorio de la cristiandad al ser tomada por
Alfonso I el Batallador en el año 1123 (antes la había poseído y repoblado Alfonso VI
entre 1104-1108 a través de Gonzalo Núñez de Lara).
De 1124 consta documentalmente que su nombre era Medina Celim, topónimo que
persistía en 1528, aunque también se lee el nombre de Medina eli en el siglo XV, de la
misma forma que el historiador tunecino Ibn Jaldûn la había llamado Medina Salem.
Así que si te dicen, estimado lector, que Medinaceli es la Ciudad del Cielo, sonreirás
conmigo y recordará que fue Salim su repoblador y fundador tras la desolación que
Tarik dejó tras de sí en su búsqueda afanosa de la Mesa de Salomón.
De 1135 hay documento que nos hace saber que era tenente de “Medinam et
Atenzam” (Medinaceli y Atienza) el conde Roderico Martínez. El segundo señor de
Medinaceli conocido fue Pedro Núñez de Fuentearmegil, en 1140, que era merino de
Atienza un año antes y que ha pasado a la historia como el salvador del rey niño
Alfonso VIII y por el gesto de honor y nobleza que comentara don Juan Manuel en su
obra El Conde Lucanor o Libro de Patronio.
En 1370 un nuevo rumbo adoptaría Medinaceli al ser otorgado su señoría como
condado por Enrique de Trastamara, el de las Mercedes, al caballero francés Bernal de
Bearne, hijo bastardo de Gastón Febo de Foie-Bearne que era conde de esta zona del
Languedoc y cuyo castillo en Foie fue refugio de astrólogos, trovadores del Gay Saber,
alquimistas y ocultistas varios.
Bernal de Bearne fue uno de los capitanes que se trajo de Francia Bertrán
Duguesclin, responsable de las Compañías Blancas en las que se incorporaron diversos
trovadores, neotemplarios y cátaros, que posibilitarían la victoria de Enrique de
Trastamara sobre Pedro I el Cruel. En 1368 Enrique II otorgaría a Bernal de Bearne el
señorío de Medinaceli como condado y se casaría con Isabel de la Cerda, del linaje
bastardo de Alfonso X el Sabio, apellido que el linaje franco-hispano de Bernal de
Bearne adoptaría.
El quinto conde, Luis de la Cerda y de la Vega, será a su vez el primer duque de
Medinaceli, iniciando así un Ducado, otorgado por los Reyes Católicos en 1479, que
fue uno de los más grandes de España, y hasta mediados del siglo XIX existió en
Medinaceli un tribunal o consejo ducal desde el que se gobernaba sus extensas
posesiones en las actuales provincias de Soria y Guadalajara. Patrimonio que, en lo que
respecta a Soria, terminaron de vender en la década de 1960, quedándoles hoy tan sólo
65 Has. de las 10.000 que tenía la Casa Ducal y que corresponden a los terrenos baldíos
en Villavieja, donde estuvo asentado Occilis. También sigue siendo de su propiedad el
palacio ducal.

LOS MEDINACELI, UN LINAJE AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA
Entre 1327 y 1504, los monarcas castellanos concedieron 117 títulos nobiliarios. Hoy solo se encuentra vigentes 78, agrupados en diferentes casas ducales como la de Medinaceli.
Hablar de la saga Medinaceli es hacerlo de la historia española de los últimos ocho siglos y es que esta Casa ducal es, junto a la de Alba y la de Medina Sidonia, de las más importantes de la nobleza española. De hecho, por la calidad de sus títulos y por patrimonio, se trata de la primera de España. No hablamos desde luego del innegable atractivo que sus componentes más mediáticos, como los hermanos Medina Abascal, aportan a la Casa, sino de algo mucho más profundo y que trasciende el arte, la cultura, la arquitectura y todo un impresionante legado histórico.

Condado de Medinaceli
Su historia se remonta justamente a 800 años atrás, concretamente al año 1221, fecha de nacimiento del rey Alfonso X el Sabio (moriría en 1284). La Medinaceli, primero condado, tiene su origen en los infantes de la Cerda, hijos de Fernando, infante de Castilla, primogénito de Alfonso X el Sabio. Fernando, heredero al trono, falleció antes que su padre, situación que Sancho, el segundo de los hijos del monarca, aprovechó para usurpar el trono dando lugar a la primera guerra civil castellana. De dicha contienda tan solo sobrevivió Isabel de la Cerda y Pérez de Guzmán, quien se casó con Bernardo de Foix, hijo bastardo del conde de Foix y que recibió el título de conde de Medinaceli por los servicios prestados al rey Enrique II de Castilla. Isabel de la Cerda, por su parte, era la nieta de Guzmán el Bueno, fundador de la de Medina Sidonia.

Nace el ducado
Los Medinaceli, quienes desde sus orígenes han sido fieles a la corona, primero de Castilla, y después de España, se posicionaron del lado de Isabel la Católica, quien, en reconocimiento al ganar la guerra contra la hija de Enrique IV, Juana la Beltraneja, les concedió mayor rango al título, pasando de ser condes a duques. Su nombre se refiere al municipio soriano de Medinaceli.                                     Retrato de la reina Isabel la Católica de Juan de Flandes.

Corría el año 1479 en Castilla y su reina y soberana, Isabel la Católica, nombró a Luis de la Cerda, V y último conde Medinaceli, primer duque de dicha Casa, un rango que suponía mucho más de lo que el imaginario colectivo actual puede suponer. Ser noble, primero en la alta Edad Media y después en la Baja, suponía una gran responsabilidad en forma de vasallaje y lealtad a su rey en caso de conflicto, en el que, de perderlo, asumía el noble la posible pérdida de todos sus bienes y patrimonio. Lo que constituía verdaderamente la esencia del privilegio era la donación de una propiedad, pero esto no fue siempre así, de hecho en la época de Enrique IV, estas fueron tan numerosas que llegaron a mermar de manera considerable las rentas reales. Los Reyes Católicos, mucho más pragmáticos con esta cuestión, intentaron modificar esta política y cuando querían honrar a un gran señor, le concedían solamente la merced, erigida esta sobre una tierra que ya fuese propiedad del beneficiario. El 31 de octubre de 1479, los Reyes Católicos crearon el ducado de Medinaceli y adjudicaron el condado que hasta la fecha existía sobre esta villa a la del Puerto de Santa María.

Los títulos y su pervivencia a lo largo de la historia
Entre 1327 y 1504, los monarcas castellanos concedieron un total de 117 títulos nobiliarios. Tal y como cuenta Jaime de Salazar y Acha en la Nobleza titulada Medieval en la Corona de Castilla, de estos títulos sólo se encuentra vigente un total de 78, ya que dieciséis de ellos fueron en su día confiscados; otros dieciocho revirtieron a la Corona –ya sea por venta realizada por sus beneficiarios, ya por falta de sucesión de sus titulares o por no tener carácter hereditario– y otros cuatro han caído en desuso y se encuentran vacantes. Las casas ducales en las que estos 78 títulos están agrupados son las siguientes: Osuna, Alba, Medinaceli, Altamira, Nájera Infantado, Alburquerque, Medina Sidonia y Mondéjar.
En el año 1520, Carlos I de España y V de Alemania otorgó a los Medinaceli la grandeza de España, que es la máxima dignidad de la nobleza española dentro de la jerarquía nobiliaria. En importancia, se sitúan justo después del heredero a la corona, en este caso, de la Princesa de Asturias. Esta dignidad es otorgada siempre por el rey y por norma se concede al título nobiliario aunque también puede otorgarse a título personal. Es la más alta dignidad de su clase, ya que los privilegios fueron mayores que los de sus similares en Europa, los pares de Francia y los Peers en Reino Unido. Aunque el origen se remonta a la monarquía visigoda, no encontramos ninguna grandeza otorgada hasta el reinado de Carlos I.
Los duques de Medinaceli poseen un privilegio único que dice que frente a su escudo no se puede poner otro. Esta es la explicación de que el palacio de los duques de Villahermosa en Madrid, sede del Museo Thyssen-Bornemisza, tenga la fachada principal en la calle Zorrilla y no en la carrera de San Jerónimo, ya que enfrente se encontraba la residencia de los Medinaceli hasta 1910, año en la que se derruyó para construir el Hotel Palace.

La importancia de los Medinaceli y su legado histórico-artístico
Al margen de las portadas que puedan dar en revistas de sociedad, el legado de la familia es innegable. Muy especialmente su archivo histórico en la Casa Pilatos de Sevilla y que actualmente gestiona la Fundación, con problemas que llegarán hasta la justicia por no ponerse los herederos de acuerdo con los deseos de la fallecida XVIII duquesa. La actual es Victoria de Hohenlohe, que con apenas 24 años es la XX duquesa de la histórica Casa.
La Fundación Medinaceli, actualmente presidida por el hijo de Victoria Eugenia Fernández de Córdoba (XVIII duquesa), conserva un extraordinario conjunto artístico y documental que hacen la delicia de historiadores por su importancia. Todo el patrimonio está repartido entre la Casa Pilatos (Sevilla), el Hospital Tavera (Toledo), la Sacra Capilla del Salvador en Úbeda y el Pazo de Oca (Galicia).

Casa Pilatos
Palacio de estilo renacentista con reminiscencias de arte mudéjar, se empezó a construir en 1483 por deseo de Pedro Enríquez de Quiñones y su esposa Catalina de Ribera. Su hijo Fadrique, un noble entre la baja Edad Media y el Quinientos, realizó la ampliación y decoración de la casa.
Tras un viaje por Jerusalén e Italia, volvió con unas ideas muy claras de qué quería para el palacio Pilatos. Ideas que aplicó combinando el estilo renacentista italiano con el mudéjar sevillano. A finales del XIX sufrió una importante restauración.

Hospital Tavera
De estilo renacentista, está en la ciudad de Toledo. Se comenzó su construcción en 1541 por orden del cardenal Tavera y las obras las inició Alonso de Covarrubias. Dedicado a San Juan Bautista, también sirvió en su día como panteón para sus mecenas. (enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Hospital_de_Tavera).

Sacra Capilla del Salvador
La Sacra Capilla del Salvador del Mundo es un templo construido bajo patrocinio de Francisco de los Cobos como panteón anexo a su palacio de Úbeda (provincia de Jaén), en la actualmente llamada plaza Vázquez de Molina. (enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Sacra_Capilla_del_Salvador).

Pazo de Oca
El pazo de Oca es un pazo señorial situado en la parroquia de Oca, perteneciente al municipio de La Estrada, provincia de Pontevedra, España. Actualmente pertenece a los duques de Medinaceli. Está declarado Bien de Interés Cultural del patrimonio español. Se le conoce como el «Generalife del norte» o el «Versalles gallego». (enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Pazo_de_Oca).

 

 

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